Por: Marcelo Fernandez
Río es una ciudad tan especial que incluso puede generar esta sorpresa de brindar un lugar, en pleno corazón de uno de sus más preciados barrios, completamente aislado del ruido y la inseguridad.
Barra da Tijuca, en el sudoeste carioca, no sólo es el barrio considerado más ‘cool’ de la ciudad, sino además el que más ha crecido en las últimas décadas. En este punto un brazo del mar entra en el área continental, formando una gran laguna salada (Lagoa da Tijuca), en la que hay varias islas, de las cuales unas pocas están habitadas, tal el caso de Ilha da gigóia, e Ilha Primeira. A pocos metros de importantes shoppings, a sólo cinco cuadras de las playas más preciadas junto al mar, cerca de bancos, restaurantes, comercios, hoteles…, estas islas ofrecen un universo diferente, ausente de ruidos, sin autos ni motos…, y sin delitos.
Sus pintorescas calles sólo ven transitar gente a pie o algunas pocas bicicletas, y los brazos de mar que las rodean son continuamente surcados por botes, chalanas o pequeñas lanchas llevando gente y mercaderías de un lado a otro.
En estas pequeñas islas (suman unos 4.000 habitantes entre ellas) pueden encontrarse una decena de Posadas, y otros tantos restaurantes y bares, algunos de ellos de perfil muy elegante, y otros típicos ‘butecos’ donde tomar una cerveza o un caipirinha , comer unos bolitos de pollo o bacalao, o hasta una feijoada, y escuchar la música en vivo de algún solista o banda, entregando arte y alegría.
No existe nada parecido en el resto de la ciudad. Una experiencia recomendable, sobre todo si también se busca recorrer una reserva natural, para encontrarse con garzas, monos, nutrias, marsupiales y hasta yacarés, además de una rica fauna ictícola.
Un atractivo mayor: su gente
El isleño es una persona amable, de buen humor, respetuosa y alegre. En esta gente siempre se encuentra alguien dispuesto a tender una mano, a ayudar y atender amablemente, así como a sorprender con sus diálogos a veces a los gritos, entre personas que están distantes, pero que conversan como si compartieran una mesa.
Un ejemplo gráfico puede obtenerse de un grupo que, dedicado a recoger la basura de las islas, navega en una gran lancha a las 7 de la mañana. Mientras van hacia una de las costas donde comenzará su tarea cotidiana (recoger la basura), lejos de hacerlo con el gesto duro o aburrido tan fácil de encontrar en otros lugares, estos trabajadores improvisan una ‘batucada’ con palos, tachos y cajas, inventando el ritmo alegre y movido de esa mañana, y mejorando con sus sonrisas no sólo sus propias vidas, sino las de todos quienes disfrutan de verlos y entender que, en cada cosa, puede encontrarse una parte buena, positiva y alegre.
Ante una pregunta, nadie obtendrá un seco ‘sí’ o ‘no’… siempre vendrá atrás una frase, una broma, un comentario alegre o divertido… Ante una necesidad o una emergencia, siempre habrá quien ayude, socorra, o actúe de inmediato, demostrando que la indiferencia no es, en absoluto, una de las características de este pueblo.
Altamente recomendables: el lugar y la gente.