Brasil es “su gente”.

por Marcelo Fernandez, desde Brasil:

Se puede hablar de Brasil desde muchos puntos de vista, porque es un país que asombra por un sinnúmero de razones: su belleza, su tamaño, su cultura…, pero sin dudas lo que lo hace tan especial e incomparable es su gente.

No es fácil describir a una persona, mucho menos a un pueblo. Sobre todo si se trata de un pueblo de bases tan heterogéneas, variadas, disímiles. Aún sin hacer un análisis étnico, merece destacarse al menos que la composición de este pueblo es resultante de una historia particularísima en el contexto latinoamericano, que dio como resultado una inigualada integración racial y cultural, que incluye esencialmente portugueses, indios (nativos) y negros (traídos como esclavos desde África). A eso se sumaron a lo largo de los años, las sangres de europeos, árabes, japoneses, y muchos otros genes. Valga como ejemplo decir que, fuera del Japón, no hay otro país donde vivan tantos japoneses, como en Brasil…

Lo más notable es la forma en que este país ha logrado integrar culturalmente tan diversos aportes, y cómo los vive en su día a día, desde una resultante fantástica, ausente casi de racismo y discriminación.

Lo que maravilla y asombra no es tanto quiénes, sino cómo son los brasileños (y, ¡ por favor…! el gentilicio en español es ‘brasileño’ no ‘brasilero’). Porque en eso reside su magia…, en cómo son.

Es difícil encontrar una palabra que los defina. ‘Alegría’ se parece al concepto que buscamos, pero no es exactamente eso…, más bien puede decirse que es un pueblo sin miseria. Y nos referimos, claro, a la miseria espiritual. Y dicho esto desde la generalidad inexcusable que requiere este tipo de juicio, entendamos que el brasileño puede ser muy pobre, pero no pierde la dignidad vital de su existencia, el sentimiento de estar felíz por estar vivo, y de saber encontrar una nota positiva, siempre, en cualquier realidad.

Para grandes y chicos, Brasil es para todos.

Esto nos permite encontrarnos con un tipo de persona realmente sorprendente. Gente de sonrisa fácil, de gestos amables, de buena disposición para ayudar, y de un casi imperturbable respeto, en casi todos los sectores de su sociedad. ¿Es que no hay brasileños prepotentes, irrespetuosos, o amargos? Sí, por supuesto que los hay…, pero son una ínfima minoría.

Para los argentinos, entre quienes la prepotencia y la irrespetuosidad se ha tornado en un flagelo social omnipresente, estas características del pueblo brasileño resultan como una caricia en el alma…, y posiblemente sea ésta la razón por la cual es tan fácil sentirse bien cuando se visita Brasil.

Por supuesto, a eso le sumamos sus maravillosos paisajes, sus hermosas playas, excelentes servicios, bebidas y comidas estupendas, y todo aquello que lo ha llevado a ocupar este lugar privilegiado en la consideración de los extranjeros… Pero, esencialmente, es su gente quien hace de Brasil este lugar maravilloso, único, inigualable…, donde la alegría de vivir define lo cotidiano, y la forma en que se trata a la gente…, por el sencillo y esencial hecho de ser gente.