21 agosto, 2019

Una aventura a pura adrenalina

Salimos Mario, Jorge y yo por la mañana temprano del 18 de octubre de 2017 desde la Hostería de Altura El Peñón después de un rico desayuno que nos preparó Romina y unas recomendaciones que nos dio su esposo Nelson López, guía-baqueano con quien habíamos ido al cráter del Volcán Galán en octubre del 2014 con la meta de llegar a Fiambalá por Las Papas, corajudos e inconscientes haciéndolo en un solo vehículo.

Nuestra primera etapa era volver a los Campos de Piedra Pómez, a 30 km de El Peñón, maravilla de la Puna catamarqueña formada a raíz de una erupción remota del cercano volcán Cerro Blanco (4660 msnm). Son 25 km que asemeja a un glaciar de roca blanca con crestas rosadas de hasta 50 metros descansando entre médanos blancos, volcanes y cadenas montañosas, conformando un paisaje alucinante que parece de otro planeta.

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Después de sacar fotos en Piedra Pómez encaramos el arenal del volcán Carachi Pampa 83393 msnm), verdadero sombrero negro con derrame de coladas basálticas, con su salar y su laguna con flamencos, rodeado de impactantes dunas de arena blanca modeladas por la acción constante del viento. Una vez que las piedras desaparecen de la superficie dejándole lugar solo a la arena (ceniza volcánica) hay que sacarle varias libras de aire a cada uno de los neumáticos (nosotros no lo hicimos) para hacer más fácil el avance en las blandas arenas (a veces solo con 15 libras se puede encontrar tracción).

Luego de andar varios kilómetros y bordear al “Gran pozo”, un hoyo de arena de 150 metros de profundidad rodeado de médanos, aparecieron bruscamente como olas de arena de cortes abruptos donde quedamos encajados en una de ellas y fueron vanos nuestros intentos de sacar la Amarok del lugar a pesar de palear la arena y colocar las planchas de desatasco metálicas (las plásticas son ideales para la arena). Eran las 12 del mediodía y por suerte teníamos el teléfono satelital que en todos los viajes alquilamos a Ricardo y Nicolás de ALTEL sin el cual todavía nos estarían buscando. Nos comunicamos con Gonzalo de la hostería La Lunita en Fiambalá que enseguida habló con gendarmería y defensa civil, empezando la operación rescate.

Teníamos agua y alimentos pero no podíamos salir de la camioneta porque a pesar de ser un día completamente soleado el fuerte viento levantaba mucha arena. Así pasamos el día y la noche con cielo totalmente despejado, lleno de estrellas pero con 5.5ºC bajo cero hasta que a las 9 de la mañana llegaron Hugo de Defensa Civil y Germán de Gendarmería con tres personas más, en una camioneta Ford Ranger y un cuatriciclo. Nos habían buscado hasta las 4 AM y damos fe porque vimos las luces de la camioneta en lo alto de un cordón montañoso que estaba por detrás nuestro.
Descansaron 2 horas y a las 6 reiniciaron la búsqueda, ¡unos fenómenos! Conocedores del terreno no tardaron en sacarnos tirándonos hacia atrás con una cadena y continuamos el viaje hasta Fiambalá acompañados por ellos que nos seguían atentos. Nelson desde El Peñón se había comunicado con Gonzalo para ver si habíamos llegado a Fiambalá, ¡otro fenómeno!

Cruzamos la Cordillera de San Buenaventura que corre en forma transversal a la Cordillera de los Andes, con orientación Este-Oeste separando los departamentos de Antofagasta de la Sierra y Tinogasta; al sur se abre el Valle de Fiambalá/Tinogasta y al norte comienza la Puna catamarqueña. El camino es de tierra y piedra, con tramos de cornisa extrema, entre centinelas custodios de rocas multicolor.

Nos encontramos con una camioneta de mineros (ya sabían que eramos los perdidos) que tuvo que hacer unos 300 metros en reversa para encontrar un lugar donde poder pasar los dos autos. Así, entre las intrincadas montañas de San Buenaventura llegamos al pueblito de Las Papas con no más de 100 personas y 18 chicos, todos del pueblo, que van a la Escuela Nº 38 Ramón A Sierralta, de material y techo de chapa, con dos aulas, cocina y baño; nos recibió la maestra que vive en Palo Alto y de lunes a viernes está en Las Papas.

Dejamos material para el colegio como siempre llevamos, nos sacamos algunas fotos y yo hasta estuve peloteando con algunos chicos en el patio exterior de la escuela. No hay agua potable ni electricidad y en verano con la crecida de los ríos y derrumbes los caminos son inaccesibles. Una radio VHF es la única forma de comunicación que tiene el pueblo.

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Dejando Las Papas vadeamos 80 veces (si, 80) el río Las Papas, tributario del Abaucán en un increíble paisaje de quebrada con “penitentes” de rocas de arenisca talladas por el agua.

Después de 120 km de huella desde El Peñón, llegamos a Palo Blanco a 1878 msnm y 1.000 habitantes. Desde aquí todo muy fácil; de Palo Blanco a Fiambalá son 46 km por RN 34 asfaltada, fin de la travesía.

Escrito por: Jorge Martín

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