Ciudad de Buenos Aires
La emblemática corona de la Parroquia de Guadalupe, que es posible divisar casi desde todos los puntos cardinales
Vallarta plasma su historia
27.12.2024 | RECORRIENDO EL MUNDO
Los nombres de las calles mexicanas repasan los de los héroes de la nación, mientras que casas, sitios y otras edificaciones hablan del desarrollo, la creación, y la evolución turística de la ciudad.
Los nombres de las calles mexicanas repasan los de los héroes de la nación, mientras que casas, sitios y otras edificaciones hablan del desarrollo, la creación, y la evolución turística de la ciudad. 

Los nombres de muchas calles en México llevan los nombres de los héroes de la historia del país, pero no siempre hay una relación entre el libertador Miguel Hidalgo, o el revolucionario, Aquiles Serdán, y la paisajística que se desarrolla sobre la calle homónima.

Una de las calles de Puerto Vallarta que tiene comercios, casas habitación y restaurantes, empieza con el nombre de un insurgente, Vicente Guerrero, y termina con el de un emperador azteca, Cuauhtémoc. Pero en su parte donde inicia el bautizo prehispánico, la panorámica da el mismo vuelco que los trescientos años que transcurren entre la caída de la gran Tenochtitlán y la independencia de México.

En la Guerrero se puede detectar un ambiente cosmopolita, probar manjares deliciosos en uno de los restaurantes Five Diamond Awards que tiene la ciudad; alojarse en un hotel escuela, o entrar a donde los jóvenes, artistas e intelectuales van a escuchar jazz. También se puede degustar una pizza de horno con sabor a cebolla y caramelo, o alcaparras con salmón. La transformación de la Guerrero hacia la Cuauhtémoc comienza cuando la calle hace un pequeño quiebre en una esquina, y hay que doblar hacia la izquierda para continuar con el camino del último tlatoani.

Al abandonar la Guerrero, se deja atrás un Vallarta urbano. A menos de 6 minutos del centro de la ciudad, empieza un camino que mucho tiene que ver con el nombre Cuauhtémoc, ya que significa el águila que desciende. Este animal entre los aztecas, como en muchas culturas, siempre fue reverenciada por su grandeza y majestuosidad, representante de la fuerza y la libertad. Es el mito fundacional de los aztecas, el nombre del más alto rango de guerrero y es símbolo representativo de México al ocupar el corazón de su bandera.

Cuauhtémoc, el último emperador azteca, es un nombre nostálgico para los mexicanos. Esto se debe a que habla de la fortaleza inquebrantable, de la nobleza de espíritu de una estirpe en extinción. Se refiere a la culminación de una cultura y al doloroso nacimiento de una nación.

A la Cuauhtémoc de Vallarta se puede acceder por un paso de reciente creación: el Puente de la Iguana, que conecta el río Cuale con la zona alta del centro. Alcanza una altura considerable para ofrecer una panorámica interesante desde otro ángulo de la ciudad. La naturaleza que rodea la zona es muy especial por su ubicación geográfica. 

La calle se ubica entre las faldas de una colina y el costado de un río, rodeada por cañadas y recodos. Se encuentra en la zona denominada Gringo Gulch, por la presencia de los numerosos extranjeros que allí residían –número que creció a partir de la filmación de La noche de la iguana, de John Huston. Tiene cercanía con la Colonia El Cerro, donde radican muchos vallartenses.

Las construcciones han respetado el estilo pueblerino, y la callecita está en las márgenes del Río Cuale, que divide a la ciudad en el mero corazón de su recorrido. El río puede recorrerse a pie desde los años setenta, cuando fue canalizado. En sus islotes integrados con pavimento, como si fuera una avenida atrincherada bajo la vegetación ribereña, posee artesanías, bares, restaurantes, un museo y el Centro Cultural Cuale. Cuenta una leyenda que, quien bebe su agua, se queda a vivir en Vallarta para siempre.

La calle Cuauhtémoc tiene una pequeña bifurcación donde se desprende el callejón Cuauhtémoc, un reducto íntimo, empedrado y muy extenso. Los residentes del pueblito, mexicanos o extranjeros,  han tomado como propios ambos barrios, Gringo Gulch y El Cerro. Por las noches todavía es posible ver algunos habitantes jugar lotería mexicana, una especie de bingo en el cual, los 54 elementos que la componen son parte de la vida cotidiana. 

En la ciudad la corona no es de rey, sino de emperatriz. Se dice que la emblemática corona de la Parroquia de Guadalupe, que es posible divisar casi desde todos los puntos cardinales, es una réplica de la que pertenecía a Carlota, la esposa de Maximiliano, emperador de México entre 1864 y 1867.

Así mismo, es posible que la icónica Casa Kimberley, donde vivían Richard Burton y Elizabeth Taylor, hoy a media construcción por problemas de suelo y altura, finalmente sea convertida en un hotel boutique. Por su parte, la cercana calle Cuauhtémoc resguarda al guerrero águila y luce su señorío de pueblo, al igual que sus aledañas, Zaragoza, Matamoros, Iturbide, Emilio Carranza, Callejón de los Tanques, Galeana, Miramar y Mina.

En Puerto Vallarta cohabita la modernidad con lo tradicional. Es reconocida por sus puestas de sol y por sus rincones. Para más información sobre el destino, www.visitapuertovallarta.com.mx. 
 

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