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Campo de Concentración de Auschwit
Polonia, historia, cultura y buena sintonía
23.10.2025 | COLUMNISTAS
Un recorrido entre el ayer y el hoy por Varsovia y Cracovia. Destinos marcados por la guerra y el nazismo que miran al futuro.

Por: Luis Martín González

 

En el aeropuerto Frederic Chopin en Varsovia, podría sonar polonesa pero suenan ritmos actuales en sus tiendas de Duty Free, y es que Polonia está apostando por el desarrollo y el modernismo.

La ciudad de Varsovia se abre al visitante como una ciudad excepcional con un gran pasado histórico y un futuro esperanzador.

 

Los viejos edificios colmenas que fueron asentamientos de los judíos se entremezclan con los altos rascacielos de las multinacionales. El mundo de los negocios abre nuevos mercados y el pasado se esconde en el edificio diseñado en Rusia  y regalado por Stalin,  ahora dedicado a la cultura y la ciencia en la gran urbe, con más de tres mil habitaciones repartidas en sus 30 pisos y uno de los relojes más grandes y con  mayor altura de Europa que marca no sólo la hora, sino el destino y el futuro de un país que ha tenido vecinos molestos e incómodos que les han generado problemas graves que siempre han superado, a pesar de la dura adversidad que han vivido.

 

Recorrer la capital de Polonia es sentirse cerca de los sucesos políticos acontecidos durante el último siglo. Varsovia sufrió entre otras guerras las consecuencias del nazismo. Los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial destruyeron el 85 por ciento de la ciudad. Junto al museo de la historia, un monumento de figuras humanas rinde homenaje a los héroes que murieron en el levantamiento del Gueto de Varsovia en 1943.

Pero para conocer bien la ciudad hay que coger la llamada “Ruta del Camino Real”, el circuito turístico más importante de Varsovia, un recorrido de norte a sur desde la Ciudad Vieja a las zonas más modernas, atravesando parques, palacios, iglesias, universidades y elegantes construcciones. Estatuas escultóricas recuerdan a polacos celebres como Chopin, Juan Pablo II, Copérnico, etc y como es natural, a los que murieron en las diferentes batallas que el país ha soportado.

 

La Varsovia destruida es hoy el “casco antiguo más moderno del Mundo” y así lo reconocieron en la UNESCO en el año 1980. Este pueblo luchador ha reconstruido con exactitud todo lo que la guerra arrasó.

Se recuerda en Varsovia a Marie Curie y su familia y se conserva su vivienda en una de las calles tranquilas, limpias y adoquinadas. El casco antiguo invita a meterse en el pasado entre castillos medievales, plazas y antiguas edificaciones históricas.

Paneles en sus calles muestran gráficamente como quedó la ciudad después de los bombardeos y en qué situación se encuentra ahora, un auténtico milagro.

 

En la plaza del Castillo, hay una edificación que lleva este nombre y su historia se remonta a principios del siglo XV, ha tenido muchas utilidades e incluso ha sido residencia Real, hoy es museo y está dedicado a la cultura. Es en esta plaza donde hay un referente importante de la ciudad, La Columna del Rey Segismundo”, que tuvo la valentía de trasladar la capitalidad de Croacia a Varsovia, y la consideran la estatua profana más antigua del mundo.

 

Es curioso, el corazón físico de Chopin, está en la iglesia de San Juan y a unos kilómetros  en el pueblo de Zelazowa Wola, está la casa donde nació y vivió. Antes de llegar al interior de la finca se pasa por un pequeño centro de interpretación, donde la historia del niño prodigio se puede comprar como souvenir…

 

La figura del Papa Juan Pablo II es parte de la historia de la transformación del país, y su imagen se repite en iglesias, monasterios y comercios de la calle.

 

En esta ruta sale a nuestro paso en un paraje natural entre verdes praderas y tranquilos lagos el Castillo de Nieborow, una muestra de la nobleza y la realeza Polaca.

Es un país muy religioso, en términos generales, y es en la ciudad de Czestochova donde se citan los polacos, en un monasterio de gran tradición llamado el Jasna Gora, donde se encuentra la llamada reina Polaca o La virgen negra e incluso su Madonna negra, para rezarla y acompañarla.

 

Para no olvidar la historia hay que visitar a 64 kilómetros de Cracovia, Auschwit y Birkenau, campos de concentración donde se cometieron los crímenes más conocidos y trágicos del mundo. Primero fue campo de concentración para prisioneros políticos polacos, después centro de exterminio de miles de personas: judíos, gitanos, rusos y muchos otros de diferentes nacionalidades. Rebasando la mítica puerta donde se dice la gran mentira de que “el trabajo os hará libres”, los guías te informan de los antecedentes históricos y políticos de la creación de este campo, en las diferentes salas museos se comprueba la barbarie cometida. Hay gente que llora, la mayoría contiene sus lágrimas.

 

No se puede abandonar Polonia sin conocer Cracovia, su pasado tampoco se olvida, es antigua y noble. La oscura historia del nazismo está ligada a esta ciudad dado que en la misma funcionó uno de los guetos judíos más importantes de Polonia.

Los recorridos turísticos invitan a descubrir el pasado de la ciudad a través de sus construcciones, algunos de estos lugares fueron escenarios reales y también decorados de la película “La lista de Schindler”, una vez más la realidad a superado a la ficción.

 

La colina de Wawel, a la orilla izquierda del río Vistula, alberga el conjunto monumental de mayor valor arquitectónico de la cultura polaca. El castillo real, la catedral de wawel, el museo y un conjunto de edificaciones con arcos y puentes conforman en lo más alto de la ciudad un punto de encuentro de visitantes.

Cuando bajan las temperaturas en los mercados al aire libre se preparan cálidos menús a base de buenos panes, manteca, codillos y salchichas, y en los puestos callejeros y joyerías las famosas piedras de ámbar.

 

La parte más animada es la plaza del mercado, una de las más grandes de Europa, rodeada de edificios históricos, pequeños establecimientos, galerías comerciales, cafés, puestos de flores y carruajes de caballos bien engalanados para conocer la ciudad por sus estrechas calles y llegar hasta la Barbacana, en el casco viejo.

Entre las diferentes excursiones que se pueden hacer desde esta ciudad, está la visita a las minas de sal en Wieliczca, creadas hace quince millones de años por la fuerza de la naturaleza.

 

Y si nos gusta disfrutar del aire fresco de la montaña, a unas dos horas está Zakopane, capital cultural y etnográfica de la cordillera de los Tatra, región alpina de gran belleza y las montañas de Tatry, paisajes inolvidables donde podemos esquiar, comprar, comer bien o rezar en una curiosa iglesia de madera.

 

Este país por su posición geográfica le convierte en un lugar apasionante para todos los interesados en el pasado del viejo continente.

 

Polonia aporta mucho a la visión de la Europa del nuevo siglo, hay un pasado que nos gustaría olvidar y un buen presente para vivir.

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