
En el municipio de Viñales se halla la réplica de un asentamiento de negros rebeldes, donde se exhiben evidencias obtenidas en exploraciones por la zona, refugio de los huidos durante centurias pasadas en esa zona de la ahora provincia de Pinar del Río.
Los esclavos que huían de sus amos eran llamados cimarrones, ya que tenían la costumbre de esconderse en las cimas de las montañas. Los cimarrones se agruparon en poblados independientes y ocultos, a los cuales llamaron palenques. En los palenques mantuvieron las costumbres y tradiciones africanas.
Improvisadas camas de madera, pipas de fumar hechas con barro cocido y otras manufacturas artesanales se concentran en el interior de una gruta para recrear el modo de vida de los rebeldes bajo circunstancias de acoso.
Luego de andar por una galería subterránea, de nombre José Miguel, se llega al sitio, suerte de museo, el cual evoca las costumbres de las colonias negroides ocultas en lugares solitarios de esta región en el siglo XIX.
“Las muestras colectadas corroboraron la presencia de los cimarrones, quienes escapaban de las plantaciones cañeras para librarse del domino de sus amos”, explicó a Prensa Latina la arqueóloga María Rosa González.
Según la experta, en la zona predominaron los palenques, localizados en zonas apartadas donde era posible desarrollar incluso algún tipo de cultivo, y permanecer durante un tiempo más prolongado. Precisamente la ubicación de los refugios favoreció su conservación hasta la actualidad, añadió.
Luego de recorrer el Palenque, los caminantes pueden disfrutar de un espectáculo con bailes y ritmos de raíz africana en un centro turístico contiguo, o admirar el paisaje circundante, cubierto de palmeras y mogotes.




