
Por: Alejandro Martinez Notte
El equipo de Teleaire ha tenido la oportunidad de desembarcar en el país más pequeño del África occidental. Abrazando el río Gambia, encerrado por Senegal y el Atlántico, se encuentra este país cuya capital es Banjul.
La forma más práctica para llegar desde Europa es volando desde Barcelona. En la capital del país abundan playas agrestes y solitarias. No quedan muchos animales salvajes aunque si muchas veces uno se encuentra en el camino interesantes especies de monos, aves y diversos reptiles.
Gambia resulta también muy interesante desde el punto de vista de sus producciones, como el aceite de palma o los tejidos y por sus tradiciones ancestrales. Pero lo mejor del país es vivir la efervescencia de sus mercados y la calidez de su gente. Quizás al principio un poco reacios al contacto con el extranjero pero muy pronto demostrando una simpatía desinteresada. Y eso es muy de agradecer. En mercados como el Brikama los artesanos están fabricando en directo sus instrumentos musicales.
El lugar más impresionante de Gambia es Tanji. Al caer la tarde una multitud de gente llena la playa para asistir a lo que es un auténtico espectáculo: la descarga del pescado.
No podíamos dejar de vivir Gambia sin disfrutar de sus delicias culinarias. De la mano de Ida fuimos a Tanji por la mañana para ir a buscar los ingredientes de nuestra receta. Los vendedores le dan la espalda al mar que no deja de ser el fondo de un cuadro lleno, lleno de colores.
Mientras la receta va tomando forma hay tiempo para una partida de Wuri, un juego típico de todos los países del África negra y sin pensarlo la comida ya está lista: ¡Qué placer comer con las manos el pescado Yassa con crema de maní!
Y lo mejor para el final: Varios artistas callejeros del mundo han venido a darle aún más color al país decorando las casas de poblados como Bafuloto, y Makumbaya. En realidad los bonitos graffitis son una excusa para vivir una experiencia inolvidable con la gente.



