23 septiembre, 2019

Cantrabria, mucho más que paisajes

La Naturaleza fue espléndida y generosa en este espacio de la cornisa cantábrica pero, como todo lo que vale cuesta, el acceso a ella tuvo que resolverse a lo largo de los siglos gracias a la tenacidad y a la inteligencia de sus hombres para que hoy, cualquier rincón, por muy inescrutable e inaccesible que pareciera, haya podido conquistarse.

Han sido cuatro días de peregrinaje intenso por lugares de ensueño. La Cueva del Castillo en la que se contemplan 20.000 años del Arte Paleolítico en un paseo subterráneo de apenas 750 metros, para encontrarnos con pinturas rojas, amarillas o negras, grabados de diferentes tipos que representan animales, complejos signos o formas de miembros, como manos, una constante que se repite a lo largo de todo el recorrido para comprender que el hombre primitivo confería una importancia fundamental a su mejor herramienta.

En el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, un territorio de tierra rojiza, parcialmente cubierto por abundante vegetación, el oso ibérico, el rinoceronte, la cebra o el gorila, conviven en perfecta armonía como ejemplo de lo que el hombre puede desarrollar con inteligencia. Fue Hormaechea, injustamente denostado en su momento, el artífice de este espacio creado artificialmente, hoy s uno de los lugares más celebrados y visitados de Cantabria. Todo llama la atención durante el recorrido, pero el punto exacto donde aparecen los gorilas es donde el hombre más se extasía y permanece, tan atrayente le resulta ver los gestos y movimientos de sus antecesores.

Situada en los municipios de Valdáliga, Herrerías y Rionansa, con vistas al mar y a la montaña, nos encontramos con El Soplao, una cueva cuyas características irrepetibles, la convierten en referente de todos los espeleólogos del mundo. Su interior constituye una maravilla geológica y espeleológica a nivel internacional pero al mismo tiempo constituye un grandioso espectáculo para cualquiera que llegue hasta ella aunque lo ignore casi todo sobre espeleología. Su acceso se hace a través de un tren minero que, tras recorrer 400 metros, nos sitúa a la entrada de la cueva cuya longitud es de 17 kilómetros aunque la visita nos llevó por un recorrido de 1500 metros. En su interior el arte del agua nos muestra caprichosas formas de estalactitas y estalagmitas, además de los famosos aragonitos, auténticos tesoros en mineralogía y que sólo se contemplan en este recinto. Al contrario que las estalactitas y estalagmitas, crecen en todas direcciones conformando espirales y formas de difícil definición. Los expertos todavía no se han puesto de acuerdo sobre el origen de esta excéntrica formación.

El recorrido por las localidades de Suances, San Vicente de la Barquera, Comillas, bellísima ciudad, donde se pueden admirar la suntuosa Universidad Laboral de un esplendoroso gótico, o el Capricho de Gaudí, hoy lujoso restaurante, inmerso entre gigantes árboles y extensos prados, hacen del lugar  eso que los dioses denominaban su olimpo.

Arquitectura y paisaje, gastronomía y formas de vida. Todo es en Cantabria, reposo y paz, progreso y evolución y un talante especial en sus gentes alegres y hospitalarias que invitan a volver y, si fuera posible, permanecer.

Si en la colina más alta de Atenas, hubo un tiempo, en que se asentaron los dioses para homenajear a la Diosa Atenea, mucho tiempo después, en Cantabria, la diosa naturaleza dispuso de sus mejores recursos para que los hombres se sintieran como dioses.

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